El sacerdocio por Cristo Rey

El sacerdote, por la misa, conduce a Cristo Rey. Fiel a su maestro romano, el Padre Voegtli, Monseñor Lefebvre ve en la misa la más solemne proclamación de la realeza de Cristo. En el Vexilla Regis cantamos: ‘Regnavit a ligno Deus’: Dios ha reinado por el madero, el madero de su cruz. En la cruz venció al demonio, al pecado y a la muerte eterna, y esta obra de redención se renueva en cada misa.

La victoria de Cristo Rey se realiza por la misa, pero es también una conquista: se extiende a todas las almas, a las familias, a la escuela católica, abarcando las profesiones, las leyes, la política y toda la vida de la ciudad. Esta es la obra integral del sacerdocio católico.

En el sermón de su jubileo sacerdotal, el 23 de septiembre de 1979, Monseñor Lefebvre evocaba los efectos maravillosos de la misa en la sociedad, ya que, como sacerdote misionero en África, fue testigo de los mismos:

«Sí, allí vi lo que puede hacer la gracia de la misa. Lo vi en las almas santas de algunos de nuestros catequistas, almas paganas transformadas por la gracia del bautismo, por la asistencia a la misa y por la sagrada comunión. Esas almas comprendían el misterio del sacrificio de la cruz, y se unían a Nuestro Señor Jesucristo, ofreciendo sus sacrificios y sufrimientos con Nuestro Señor Jesucristo».

«Pude ver estos pueblos paganos hacerse cristianos, y transformarse no sólo espiritual y sobrenaturalmente, sino también físicamente, socialmente, económicamente, políticamente, porque esas personas, de paganas que eran, se hacían conscientes de la necesidad de cumplir su deber, a pesar de las pruebas y sacrificios, especialmente las obligaciones del matrimonio. Y entonces el pueblo se transformaba paulatinamente, bajo la influencia de la gracia del santo sacrificio de la misa».