El año de espiritualidad

Otra característica de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es la voluntad de su fundador de hacer preceder los estudios eclesiásticos de los futuros sacerdotes con un año de espiritualidad.

Monseñor Lefebvre acariciaba ya la idea desde hacía largo tiempo, y la Providencia le permitió realizarla en Ecône, en Valais, en una antigua propiedad de los Canónigos del Gran San Bernardo, salvada de la secularización: «A propósito de la casa del Valais, escribía Monseñor Lefebvre,

mi intención es convertirla en una casa apropiada para un primer año de formación espiritual y litúrgica, una especie de noviciado ampliado, sin el nombre ni la realidad jurídica».

Así, en el otoño de 1970, los primeros candidatos, provenientes de los medios de la Ciudad católica y de los Caballeros de Nuestra Señora, al total de once, entran en el año de espiritualidad e inauguran lo que luego será el seminario de Ecône.

El programa de este año preparatorio es muy llevadero. La vida espiritual que se enseña no se refiere a ninguna espiritualidad particular: es la de la Iglesia. Tiene por guía a Santo Tomás de Aquino. El itinerario espiritual es el siguiente: Dios Trinidad, Creador y Providencia; el hombre, el pecado, la justificación, la gracia santificante, las virtudes teologales, la virtud de religión, los dones del Espíritu Santo y las bienaventuranzas, la persona de Nuestro Señor Jesucristo, los sacramentos, el santo sacrificio de la misa, la Virgen María.

En él se inicia a los jóvenes levitas en las prácticas de la vida espiritual: lectura de la Sagrada Escritura, lectura espiritual, confesión regular, meditación. Al comienzo se sigue el método de San Ignacio, pero luego se alienta a los seminaristas a simplificar sus meditaciones y a practicar una oración más afectiva. Algunas clases de latín, de patrología y de canto gregoriano completan esta formación.