Vida apostólica

«La Fraternidad es esencialmente apostólica, porque el sacrificio de la Misa lo es también, y porque sus miembros deben ejercer generalmente un ministerio exterior. Vivirán con la convicción de que toda la eficacia de su apostolado procede del Sacrificio de Nuestro Señor, que ofrecen cada día» (Estatutos).

Una directiva única

Las obras apostólicas de la Fraternidad son prioritariamente el ministerio parroquial y la predicación de misiones. La directiva pastoral que Monseñor Lefebvre da a sus sacerdotes es la misma que ya daba en Dakar:

Dar prioridad a los medios sobrenaturales, puesto que el Espíritu Santo es quien obra en las almas, y el sacerdote no es más que su instrumento».

Esta verdad mantiene al sacerdote en la humildad y, frente a las dificultades, lo alienta a la oración y a la perseverancia.

La Fraternidad acoge dentro del espíritu que la anima a los miembros de su Tercera Orden, que quieren

redescubrir la importancia capital del santo sacrificio de la Misa y de su misterio, para hallar en él el sentido y la fuente de la vida cristiana, que es una vida de sacrificio y de corredención».

También acude en ayuda de los sacerdotes ancianos y enfermos.

Después de la parroquia, la escuela integralmente católica

La Fraternidad se dedica particularmente a la obra de las escuelas,

verdaderamente libres de toda traba a fin de dispensar a la juventud una instrucción y una educación totalmente cristiana».

Su apostolado se extiende, por fin, a toda clase de obras, tales como la Cruzada Eucarística de los niños, la capellanía de casas religiosas, de movimientos o asociaciones de juventud, el favorecimiento de las familias, las misiones junto a los más desvalidos, etc.

¿Cómo formar a una elite de cristianos?

Fervoroso lector de ‘El alma de todo apostolado’ de Dom Chautard, Monseñor Lefebvre enseña cuál debe ser la clave del apostolado: ya se trate de obras de piedad o de caridad, de enseñanza o de perfeccionamiento, de pastoral o de conquista, ya se trate de obras de adultos o de juventud, de obras religiosas o de obras destinadas a someter a Cristo la ciudad temporal, el secreto es formar una elite de cristianos que vivan en estado de gracia y hagan oración. En este buen hogar se encenderá espontáneamente un buen fuego que inflamará a otros.