Vida litúrgica

Durante su formación en el Seminario francés de Roma, Monseñor Lefebvre había ocupado el cargo de primer ceremoniero. Por eso, quiere que las ceremonias litúrgicas sean conformes a las normas romanas.

Las normas de la liturgia romana

Su maestro, el Padre Haegy, no dudaba en afirmar que «la piedad de un sacerdote se mide por su fidelidad a las rúbricas», porque no hay nada insignificante en la liturgia. Todo ello, sin embargo, sin caer en el “rubricismo”: tanto en las misas y vísperas cantadas, solemnes o pontificales, como en las exposiciones del Santísimo Sacramento, lo que se quiere es cantar la gloria de Dios y recibir las gracias del Redentor.

‘Horas’ del oficio divino recitado en común y en latín

Desde el segundo año en Friburgo, los mismos seminaristas le piden a Monseñor Lefebvre que las oraciones de San Sulpicio, en vigor hasta entonces en la casa, se reemplacen por las horas del breviario rezadas en común, especialmente las Completas cantadas por la noche antes del silencio mayor. Monseñor acepta con alegría.

La tradición viva porque se vive de ella

Monseñor Lefebvre quiere que sus sacerdotes tengan una vida litúrgica. No es una vida espiritual acompañada de la liturgia, sino la misma liturgia alimentando la vida de los miembros de la Fraternidad. Para ello hay que meditar los textos de la liturgia, que al decir de Dom Guéranger, es «la tradición al más alto grado de poder y de solemnidad». Los maitines de Navidad, el oficio de Tinieblas del Triduo sacro, cantados en gregoriano, transportan el espíritu del fundador; la misma gracia quiere para sus hijos.

Amor a las ceremonias y al canto gregoriano
 

Los miembros de la Fraternidad, escribe, alimentarán su espiritualidad en estas fuentes de agua viva, tal como la Iglesia las ofrece en su sagrada liturgia, fuente incomparable de sabiduría, de fe, de gracias, de vida ascética y mística. Cultivarán el amor de las ceremonias, de los cantos, del gregoriano, cuidando con esmero la belleza del lugar de culto, de los objetos destinados al culto, en la sacristía y en todo lo necesario para administrar los sacramentos».