La doctrina – el papel de los papas

La Roma de Marcel Lefebvre no es la Roma de los Césares paganos. Es la Roma que «de maestra de error, se convirtió en discípula de la Verdad». Es la Roma cristiana, la ciudad eterna, la Sede de Pedro y de sus sucesores, que «preside al mundo por la religión divina, no por la dominación terrena» (San León Magno). El Seminario francés de Roma, en el que entra Marcel Lefebvre en 1923, está dirigido por los espiritanos de la Congregación del Espíritu Santo, fundada en 1703 para «formar a los clérigos pobres en los principios de la más sana doctrina romana».

Tras la enseñanza de los papas

El Padre Henri Le Floch, rector del seminario de 1904 a 1927, y además próximo a la Acción Francesa, no predica a Charles Maurras a los seminaristas, sino que les comenta las encíclicas de todos los papas que, desde 1738 hasta 1925, condenaron sin solución de continuidad la masonería, el liberalismo y los errores modernos, no por el gusto de condenar, sino para salvar a la cristiandad y a la misma Iglesia.

Movilizado contra la revolución, por la cristiandad
 

«Fue él, diría Monseñor Lefebvre, quien nos enseñó cuál fue el papel de los papas en el mundo y en la Iglesia, y lo que enseñaron durante un siglo y medio: el antiliberalismo, el antimodernismo; realmente nos hizo comprender y vivir ese combate llevado por los papas con absoluta continuidad para tratar de preservar al mundo y a la Iglesia de esas plagas que nos oprimen hoy». «Eso nos movilizó contra la revolución y las potestades del mal en acción para destruir la Iglesia, el reinado de Nuestro Señor, los Estados católicos, la cristiandad entera».

En estado de cruzada

La mayoría de los seminaristas abraza este combate, los demás no se quedan en el seminario. Pero entrar en ese combate supone necesariamente comprometerse para toda la vida:

«Pienso que toda mi vida sacerdotal y episcopal se ha visto orientada por este combate contra el liberalismo».

Él tendría particularmente que vérselas toda su vida con los católicos liberales, «gente de doble cara», que se dicen católicos pero

«no pueden soportar la verdad integral, ni que se condenen los errores y a los enemigos de la Iglesia, y que se esté siempre en estado de cruzada. Porque de eso se trata: estamos en estado de cruzada, y esta cruzada puede exigir el martirio».

‘Ustedes entran en la historia de la Iglesia’

Marcel Lefebvre está preparado de antemano para un combate por la fe. Es mucho más que la sana doctrina, es toda una visión de la historia, de la lucha entre las dos ciudades:

«Dos amores, dice San Agustín, han hecho dos ciudades: el amor de sí hasta el desprecio de Dios ha hecho la ciudad terrena, y el amor de Dios hasta el desprecio de sí ha hecho la ciudad celestial».
 

El Padre Le Floch nos hizo entrar y vivir en la historia de la Iglesia, en este combate de las fuerzas perversas contra la Iglesia, contra el reinado de Nuestro Señor, contra la cristiandad entera". A sus seminaristas de Ecône les dirá el arzobispo: 'Al entrar en el seminario, entran ustedes en la historia de la Iglesia' ".