Un adolescente generoso

Su hermana Christiane describe a Marcel adolescente como «un temperamento de los más equilibrados y apacibles, con una fortaleza de alma fuera de lo común».

Marcel tiene corazón y agallas, le gusta visitar a su abuelo paterno y darle gusto. Durante la guerra, acolita la misa a pesar del toque de queda y las patrullas alemanas; se encarga abnegadamente de los pobres de la ciudad sin pavonearse de lo que hace. En casa se las ingenia para facilitar el trabajo de las criadas; en la mesa lee gustoso algún pasaje de la vida de los santos, mientras que su hermano mayor no cumple tan bien esta labor. «Su hermana mayor, Jeanne, es fácilmente moralizadora; Marcel, en cambio, es distendido, comunica la paz; basta verlo para sentirse contento, sus réplicas guasonas te ponen alegre».

Inteligencia, pero sobre todo juicio

«De los dos hermanos mayores, dice su hermana Christiane, René está fácilmente a la cabeza de la clase y brilla por la vivacidad de su inteligencia; Marcel se encuentra más bien entre los segundos, pero sobresale mucho más por la claridad de su juicio. Cuando se vaya al seminario, nuestra madre hará esta reflexión: “¿Cómo podrá andar la casa sin Marcel?”»

Sentido práctico

Servicial, tiene el gusto de las cosas prácticas: «Después de la guerra, en 1919, Marcel decide ponerle fin a la iluminación de las habitaciones con lámparas de aceite. Se sumerge en un libraco sobre electricidad y, ayudado por un amigo, instala la corriente en la casa, previendo todas las necesidades». En vacaciones, René tiene la iniciativa, pero Marcel es el organizador: en 1920 prepara la excursión de sus hermanos y hermanas en bicicleta desde Bagnoles hasta el Mont Saint-Michel.