Monseñor Lefebvre y Pío XII

Cada año Monseñor Lefebvre acude a Roma, donde se reúne con el secretario de la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, y debe insistir a veces para conseguir subsidios.

Sobre todo, visita al papa. Pío XII le expresa sus temores de que los comunistas tomen el control en África, de modo parecido a como ha sucedido en China, de donde se expulsa a los misioneros: «Prepare una Iglesia africana», le dice el Pontífice. Monseñor Lefebvre escucha y comparte esta preocupación. Pero cuando da cuenta al papa de su acción, Pío XII se asombra del número creciente de sacerdotes, religiosos y religiosas, de toda clase de congregaciones de Europa y de América, que Marcel Lefebvre ha logrado traer a Dakar, y que, a ejemplo suyo, sus colegas hacen venir a sus diócesis.

Idealismo romano y realidad africana

El arzobispo le hace comprender entonces al Sumo Pontífice la realidad africana:
 

Santísimo Padre, una Iglesia autóctona no puede crecer solita. Si traigo a África tantas congregaciones misioneras o docentes, es para acelerar el desarrollo de esta Iglesia de África. África seguirá necesitando misioneros e influencia de Europa". 

Sin embargo, no es ésta la opinión general que predomina en Roma…

 

Pío XII, diría después, era un hombre al que nadie se acercaba sin un profundo respeto. Pero sabía escuchar; y se estableció entre nosotros dos una profunda simpatía. Comprendía mi combate".

El mismo Pío XII diría un día a un visitante, el señor Winckler:
 

¿Vio al hombre que acaba de salir? Es Monseñor Lefebvre, el mejor de mis delegados apostólicos".