Los objetivos del obispo

El nuevo obispo se fija objetivos de los que su vicario general podrá decir más tarde: «Logró conseguirlos todos».

Según las directivas del papa San Pío X, cuyas obras lee, la primera preocupación de Monseñor Lefebvre es su Seminario, que traslada cerca de Dakar y cuyos edificios construye en el oasis de Sébikotane. Envía a Roma a algunos antiguos estudiantes de Mortain para que se gradúen en teología, y dota así a su seminario con un cuerpo profesoral rejuvenecido, competente y romano.

Viene luego, en orden de prioridad, el Carmelo, que construye cerca del Seminario, y que enseguida ocupan algunas carmelitas venidas de Cholet, a la espera de vocaciones africanas. Por sus oraciones, atraerán las gracias, rezarán por los futuros sacerdotes y serán «la defensa de la Iglesia» frente al Islam.

Relanzar la misión moribunda

Mientras Monseñor Lefebvre se pregunta cómo relanzar la misión moribunda en un país pagano, se abre repentinamente la tan esperada puerta en el pueblo serer. El obispo consigue enseguida un refuerzo de misioneros. Para oponer inmediatamente un dique al islam que, viniendo desde el Norte, invade las regiones animistas, aprueba y apoya el «celo inventivo e ingenioso» de uno de sus sacerdotes: fundar para los paganos, todavía polígamos pero favorables a la Iglesia, una asociación llamada «Fog Ola» (los Amigos de los Cristianos), con un documento especial de identidad y con la promesa de hacerse bautizar antes de la muerte. Resultaría ser todo un éxito: permitió que esa gente, sin ser aún cristiana, quedase vinculada a la Iglesia; que los jóvenes fuesen catequizados, bautizados, casados; y que la Iglesia se implantase en el Sine y en Selloum.

En la ciudad hace edificar nuevas iglesias. A su llegada, Marcel Lefebvre encontró en Dakar dos parroquias y tres iglesias. Le dejará a su sucesor nueve parroquias y trece iglesias.

Un colegio de chicos para la élite de mañana

Otro campo de apostolado, coronado de éxito: el colegio de chicos, construido en las dunas de Hann, a las puertas de la ciudad. Enseguida se lo proyecta para recibir a 700 alumnos. Su meta es preparar una élite de jóvenes católicos para este país musulmán que está a punto de lograr su independencia. Por supuesto, el obispo se muestra respetuoso y cordial con los jefes religiosos musulmanes, pero el Islam no deja de ser una opresión, y la Iglesia tiene la obligación de aportar la verdadera libertad, la de los hijos de Dios.