Obispo y Delegado apostólico

Durante dos años, dirige el seminario de filosofía de Mortain, en Normandía (1945-1947).

La ciudad está en ruinas, y hay que reconstruirlo todo. Asimismo, a fin de poder alimentar a sus seminaristas, recorre cada mañana los campos para mendigar de los campesinos leche, harina, legumbres, eventualmente algo de carne, etc.

Director en Mortain

«Lo queríamos, recuerdan sus alumnos, sentíamos que se encargaba de nosotros y que nos quería». Les inculca principios sólidos, los pone en guardia contra las tendencias deletéreas que se difunden en la Iglesia de la postguerra. Combate especialmente el evolucionismo de Teilhard de Chardin, la idea de impregnar y rebautizar el comunismo, y el optimismo del Padre de Lubac respecto de la salvación de los infieles.

Delegado apostólico

Pero en ese entonces el papa Pío XII lo vuelve a enviar al África. El 22 de junio de 1947 lo nombra vicario apostólico de Dakar, en Senegal. Antes de su partida, el cardenal Liénart lo consagra obispo en Tourcoing. Ya en su puesto, su primera preocupación es la formación de los sacerdotes, razón por la cual el seminario será la pupila de sus ojos. A este efecto, instala en sus proximidades un convento de Carmelitas, para atraer más seguramente la gracia divina. Por lo que mira a la obra misionera, un tanto moribunda, vuelve a relanzarla de tal modo que no tarda en ponerle un dique al Islam.

¡Más y más misioneros!

Como Delegado apostólico, crea diócesis, hace designar obispos, varios de ellos indígenas, y trae desde Europa, e incluso desde Canadá, gran número de sacerdotes, hermanos docentes y religiosas. Cada año el papa lo recibe. A Pío XII, que se admira de esta multiplicación de obreros evangélicos, le dice: «Santísimo Padre, aunque el clero indígena crece regularmente, África seguirá teniendo necesidad de misioneros».